La simbiosis de los bosques y el maíz en México

La simbiosis de los bosques y el maíz en México

Agricultores de distintas variedades de maíz en México reconocen la importancia de los árboles para el mantenimiento de los suelos frente al avance de la deforestación que genera la agricultura industrializada.

Pablo Hernández Mares,

  • En el occidente de México se lleva a cabo lo que se conoce como agroforestería —el cultivo dentro de las superficies boscosas.
  • Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 50 % de los suelos de América Latina y el Caribe tienen alguna forma de deficiencia de nutrientes.
  • Varios agricultores consideran que la principal amenaza contra la conservación del maíz —y de paso, los bosques donde se siembra el maíz de manera sustentable— son las semillas híbridas que venden las agrocompañías
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Felipe Iñiguez, de 65 años de edad, siembra maíz en áreas boscosas. // Foto de Pablo Hernández Mares.

“El bosque es una bomba de agua: la captura y la devuelve para mantener la fertilidad del suelo; sin agua no hay agricultura”, explica Felipe Iñiguez Pérez, quien ha cultivando 3000 árboles durante los últimos quince años en una hectárea en Cuexcomatitlán, en el estado de Jalisco, donde él y su familia producen ocho variedades distintas de maíz criollo.

Además de disfrutar de sus sombras luego de una jornada de trabajo bajo el sol, los árboles le brindan distintos servicios ambientales, entre ellos la remineralización de los suelos. “El árbol tiene raíces que llegan hasta treinta metros de profundidad, donde absorbe los minerales que nos devuelve como composta”, añade Iñiguez Pérez, quien asegura que según las pruebas que ha realizado en invernaderos, la composta de corteza de pino es hasta dos veces más eficiente que las compostas hechas a partir de caña de azúcar o de excretas de ganado.

Con el convencimiento que le ha dado la experiencia en la agricultura ecológica, Iñiguez Pérez aprendió las distintas técnicas en el estado de Chiapas, al sur de México, en comunidades indígenas que han mantenido estos sistemas de producción sustentable durante más de 5000 años.

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Además de su trabajo académico, Jaime Morales es uno de los organizadores del Encuentro “Nuestro Maíz, Nuestra Cultura” de la Red de Alternativas Sustentables Agroecológicas, (RASA). // Foto de Pablo Hernández Mares.

“Hay una larga historia de relación entre maíces, bosques, manejo de la vegetación y cultura indígena”, afirma Jaime Morales, profesor del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente ITESO en Guadalajara.

De hecho, señaló el académico, la Sierra de Manantlán, reconocida como reserva de la biósfera por ser uno de los bosques tropicales ubicados más al norte del hemisferio, “es el lugar de origen del teocintle (zea diploperennis), uno de los ancestros más antiguos del maíz”.

En esta región del occidente de México se lleva a cabo lo que se conoce como agroforestería —el cultivo dentro de las superficies boscosas— “una forma de agricultura muy antigua que por suerte se sigue utilizando en el país”, destacó Morales.

Desde el 2009, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales SEMARNAT, a través de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas CONANP y la Reserva de la Biósfera Sierra de Manantlán RBSM pusieron en marcha el Programa de Conservación de Maíz Criollo PROMAC que promueve la recuperación de las variedades de maíz para proteger la diversidad genética de este cultivo y la de los bosques.

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Maíz blanco, negro, rojo, amarillo, morado y “jaspeado”, que es una combinación de colores, son una muestra de la diversidad de este alimento. // Foto de Pablo Hernández Mares.

De acuerdo al técnico de campo de la RBSM, Sergio Robladas, algunos de los logros que han conseguido en la zona, donde trabajan con casi 500 productores, son la apropiación y recuperación del sistema milpa —los cultivos de maíz asociado con el cultivo de otros productos agrícolas de la región como frijol, jamaica, calabaza, pepino, chile, verdolagas y diferentes especies de quelites en 474 hectáreas; además de la construcción de un banco comunitario de semillas nativas.

“A diferencia de la agricultura convencional o industrializada que llega, arrasa y tumba todo el bosque para sembrar, este tipo de agricultura podríamos llamarla como una agricultura de conservación: conserva la naturaleza, mantiene diferentes tipos de vegetación y hace un uso diferenciado del ecosistema”, dijo Morales, quien considera que el bosque no son sólo los árboles sino toda la vegetación que ahí se desarrolla.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 50 % de los suelos de América Latina y el Caribe tienen alguna forma de deficiencia de nutrientes. Según este informe, los cambios del uso del suelo, como la tala de árboles para ampliar los terrenos para la agricultura, es uno de los factores que incrementan la degradación del suelo a largo plazo.

Conocedores de la importancia de los árboles, los productores de maíz en zonas boscosas como la Sierra de Manantlán realizan sus siembras en “coamiles” —una forma de cultivo no invasiva; se cultiva durante las lluvias de temporal y usualmente es una área pequeña, entre la vegetación nativa. Así, el maíz crece rodeado de Robles (Quercus magnolifolia), Encinos (Quercus castanea) y Pinos (Pinus ocarpa y Pinus devoniana), algunas de las especies nativas arbóreas con las que interactúan los cultivos.

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Las tortillas de maíz blanco o azul que produce Ezequiel Macías se venden en mercados agroecológicos en la Zona Metropolitana de Guadalajara. // Foto de Pablo Hernández Mares.

Para otro agricultor tradicional en el estado de Jalisco, la producción del maíz está estrechamente vinculada a los bosques y las montañas donde representa el inicio de un ciclo. Ezequiel Macías lleva 25 años cultivando distintas variedades de maíz nativo de manera sustentable en el municipio de El Salto, a unos kilómetros de Guadalajara. “Sobre la montaña llega la nube, cae el agua, que con el sol son los elementos esenciales para que haya vida en el suelo”, explicó. “El bosque también nos da aire limpio para respirar, es la casa de una diversidad de animales”.

En tanto, Macías considera que la principal amenaza contra la conservación del maíz —y de paso, los bosques donde se siembra el maíz de manera sustentable— son las semillas híbridas que venden las agrocompañías, como la transnacional Monsanto.

“La diferencia es que la semilla criolla es autónoma, la puedes tener, pasar de mano en mano y sus costos son muy bajos”, explica Macías, “en comparación con la semilla híbrida que cuesta mucho y que no está preparada aguantar las condiciones de la región como pueden ser las sequías”.

“En Estados Unidos sólo se promueven dos variedades de maíces híbridos y transgénicos que están matando toda la diversidad que tenemos”, lamentó Felipe Iñiguez. A través de la polinización, las semillas transgénicas podrían contaminar el maíz criollo.

Actualmente, la manipulación genética para producir variedades resistentes a enfermedades o de mayor rendimiento ha sido considerada una amenaza al maíz y sus parientes silvestres y se ha instrumentado un dispositivo legal para evitar la ‘contaminación’ del material genético nativo con los organismos genéticamente modificados (OGMs) o ‘transgénicos’. Así lo explica la Fracción XI del Artículo 2º de la Ley mexicana de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados (SEMARNAT-SAGARPA-SSA, 2008).

Líneas perfectas, surcos hechos con tractores, mazorcas de altura y color homogéneo sin flores ni árboles a su alrededor es lo que se ve cada vez más en el campo mexicano. Son las tierras cultivadas con las semillas que venden las compañías agroindustriales.

Ante esto, Iñiguez Pérez, Macías y Morales comparten las semillas de las variedades de maíces criollos que siembran y cosechan cada año junto a otros agricultores. De la misma forma, los agricultores intercambian sus experiencias en el manejo sustentable de la agricultura tradicional en México.

Los productores reconocen que la transición del uso de fertilizantes, insecticidas y herbicidas hacia la agroecología representa dificultades, pero aseguran que los beneficios que obtendrán en los siguientes años, tanto económicos como ambientales, son considerables. Además del maíz, ahora pueden sembrar calabazas y frijoles, y no sólo un monocultivo.

Ancho, tabloncillo, tuxpeño, Celaya, ratón, reventador, elotero de Sinaloa, complejo serrano de Jalisco, y el teocintle son los nombres de distintas variedades de maíz que los productores de la Sierra de Manantlán conocen y plantan cada año en sus parcelas para evitar su desaparición con el resguardo y la protección del bosque.

Publicado originalmente en Mongabay Latam el 20 de enero de 2016