Investigadora advierte del mal uso de los bebederos para colibríes.

Investigadora advierte del mal uso de los bebederos para colibríes.

Está comprobado que esto cambia el comportamiento de los colibríes, porque al tener néctar, hay especies que ya no emigran, que se quedan en el invierno porque alguien los está alimentando. Entonces nos preguntamos, ¿qué pasará con estos colibríes?

Pablo Hernández Mares,

Cuando llega el invierno, para los colibríes es la hora de volar al sur. Sin flores ni néctar para alimentarse, la emigración los salva de morir. En los jardines de las casas cuelgan bebederos con agua. Parece una cortesía para estas aves multicolores, pero en esta inocente práctica también corren peligro.

Sarahy Contreras es una de las especialistas en el estudio de los colibríes en el occidente de México. Ella es capaz de ver en esos bebederos una forma de dañar a las aves: “Está comprobado que esto cambia el comportamiento de los colibríes, porque al tener néctar, hay especies que ya no emigran, que se quedan en el invierno porque alguien los está alimentando. Entonces nos preguntamos, ¿qué pasará con estos colibríes?”.

En las etiquetas de las botellas de agua que bebemos, se lee: “proteger de la luz solar”. Esta misma lógica aplica para recipientes de plástico donde las aves beben. “Me preocupa que haya una moda de usar bebederos para colibríes, que son de cualquier tipo de plástico. Si no hay un manejo correcto de estos materiales, que son contaminantes, o no se preparan de forma adecuada los néctares, se puede matar a muchos colibríes”. No sólo eso: “¡Incluso he visto personas que le ponen coca-cola a los bebederos! Esto es como un biberón para un bebé. Imagínate el daño que se les está causando”.

Los colibríes forman parte de la cultura mexicana. Su ágil vuelo, su aleteo distinto a otras especies, sus colores brillantes los hacen atractivos. Para las culturas prehispánicas representaban a dioses guerreros y actualmente existe la creencia popular de que se relacionan con el amor y la buena suerte. Además, estas aves sólo vuelan en el continente americano.

“Nosotros tenemos la fortuna de que en la estación científica Las Joyas, en la Reserva de la biósfera de la sierra de Manantlán, habitan 24 especies de colibríes, es decir, que tenemos una gran diversidad en un espacio pequeño”.

En esta zona privilegiada es realizado, a partir de 1990, el primer proyecto en el ámbito nacional de monitoreo de colibríes, que estudia las tendencias poblacionales de estas aves por el efecto de perturbaciones antropogénicas (provocadas por los seres humanos), como los incendios forestales, que son la principal causa de la modificación de los hábitats de estas especies. Algunos resultados obtenidos demuestran que estas aves son bastante sensibles a las perturbaciones.

“Por ejemplo, hay colibríes a los que les gusta estar justo después de un incendio, en las primeras etapas de sucesión forestal, porque esta área les ofrece recursos de flores y néctar para sobrevivir. Pero también tenemos otras especies que no responden tan positivamente después de un incendio, sino que huyen del área y, conforme se va recuperando el bosque, regresan”.

Sarahy Contreras Martínez

Sarahy Contreras Martínez, investigadora del Centro Universitario de la Costa Sur, participó los días 25 al 28 de agosto de 2013, en la V Reunión internacional de Compañeros en vuelo, titulada “Conservación de las aves a través de las Américas”, en Estados Unidos de Norteamérica.

“Me tocó representar al centro occidente de México, a las aves que se encuentran en los bosques templados y subtropicales”.

Durante tres días continuos de trabajo los participantes hicieron propuestas para crear redes de trabajo y complementar la información científica sobre el ciclo de vida de las aves, sobre todo de aquellas que emigran por gran parte del continente, para hacer más eficientes los esfuerzos para su conservación.

“Esta reunión fue nutrida, ya que cada uno de nosotros como representantes expusimos cuáles son nuestras especies prioritarias para la conservación y cuáles son las amenazas a las que se enfrentan”, expresó la investigadora, que participó como representante de la Universidad de Guadalajara en esta reunión internacional.

La especialista señaló que uno de los acuerdos de la reunión fue “traducir” el conocimiento que tienen los científicos, para que los políticos estén más conscientes de lo que está pasando con las aves y las repercusiones en los ecosistemas de la región. “La idea es exponer esta preocupación a empresas transnacionales y a las personas en altos puestos políticos, de que cada vez tenemos más aves que están declinando sus poblaciones”.